Tras leer el título quizá pienses que voy a echar una charla aleccionadora sobre lo malo que es viajar con tablet. Pero mejor te pongo en antecedentes:
Hablamos de…
Por qué me gusta la tablet
La tablet me parece una forma de que los niños tengan un entretenimiento más interactivo y menos pasivo que cuando están delante de la televisión. Además existen aplicaciones (apps) educativas y divertidas sobre un montón de temas. Incluso les permite actividades creativas: desde pintar hasta crear su propio vídeo.
Es cierto que en la tablet también pueden estar de forma pasiva en plataformas de vídeos como Youtube y enlazar un vídeo tras otro, a veces sin el control del adulto. Aunque esta opción se puede capar.
Sin embargo, comprendo que los niños deben aprender a esperar, socializar y comportarse correctamente en cada situación. Por eso considero que el móvil o la tablet deben restringirse en lugares como restaurantes o reuniones familiares. Es posible que el niño no se pueda mover de la silla o la trona y ya hayamos agotado todos los recursos: entonces sí, no queda más remedio que tirar de tablet o de teléfono móvil. Si no, llorará y con razón, porque le estaremos exigiendo más de lo que puede conseguir según su desarrollo.
Por qué viajar con tablet
Ya tenemos constancia del poder de la tablet sobre nuestros hijos. De este modo, la tablet se ha puede convertir en una niñera de emergencia. Los viajes largos se pueden realizar por la noche. Sin embargo, no es la mejor opción para todos los niños.
En nuestro caso, Monstruita se despierta y llora el resto del camino. En el mejor de los casos, alterna cabezadas con lloros. Así que viajar por la noche no es una alternativa válida para nosotros. Es por ello que viajar con tablet se ha convertido en una tabla de salvación para nosotros; durante una parte del viaje verá vídeos en la tablet y, con suerte, irá durmiendo en la siguiente. Solo se queja si no salta el siguiente capítulo, si la tablet se apaga o si se ve mal.
Inconvenientes de viajar con tablet
El más evidente es que la tablet debe estar con batería suficiente durante todo el viaje. Si se nos olvida cargarla o si el cargador no llega hasta el enchufe del coche, nos quedamos sin tablet.
Viajar con tablet implica además que debes asegurarte de ir con un acompañante: si la película se corta o hay algún problema, el acompañante podrá solucionarlo. Si no, es posible que te veas obligada a parar en el momento más inoportuno.
Y por último, es probable que no escuchen nada de lo que les digas mientras esté la tablet puesta.
Qué nos pasó al viajar con tablet
En el último viaje llevamos la tablet sin batería. Se nos olvidó cargarla y no hubo más remedio que llevarla así. No obstante, la llevaba mi acompañante (la abuela) cargando en el coche. Podríamos haberles dejado nuestros móviles a los niños pero preferí «arriesgar». Y esto fue lo que pasó.
Durante las dos primeras horas de viaje, Monstruito se durmió la siesta. Mientras, Monstruita preguntó varias veces cuándo le íbamos a poner la serie de los PJMask. Le dijimos otras tantas veces que la tablet estaba sin batería. Que estaba cargándose pero que aún tardaría mucho. Así que empezó a tararear la canción de la serie.
Poco antes de la primera parada, Monstruita se empezó a cansar y a decir que quería bajar. Monstruito se despertó y le acompañó en su cantinela. Media hora después hacíamos el primer y único alto en el camino. Aprovechamos para andar un poco, jugar, comer y tomar algo refrescante. Después, subieron contentos al coche porque iban a ver «dibujitos».
Pero… ¡Error! La tablet no se había cargado. Cometimos el «fallo» de no comprobar si estaba cargando y ahí teníamos el resultado. No quedaba otra que seguir para adelante. El recurso de los móviles siempre estaba a mano si las cosas se ponían feas.
Las cosas se ponen feas
A los diez minutos Monstruito estaba dando patadas furioso y gritando. ¡Quería bajar! Viniendo de un niño de dos años con toda la energía y recién levantado de la siesta, era de esperar. Lo solucionamos dándole una bolsa de gusanitos para comer (nutricionistas y demás madres perfectas, haced como que no habéis leído esto). Con eso estuvo un buen rato tranquilo y entretenido.
Monstruita decidió capear esta segunda decepción imaginando que era un caballo. La abuela y yo bromeábamos con que se nos había colado un caballo en el coche, que a ver cómo iba a subir el coche las cuestas y dónde dormiría el caballo al llegar, entre otras chanzas. Esta broma nos dio para el resto del viaje.
Cuando Monstruito terminó de comerse los gusanitos, comenzó a gritar otra vez que quería bajar. Así que saqué la artillería pesada: la MÚSICA. No había puesto música en todo el viaje; las dos horas antes de la parada, el puerto USB estaba ocupado porque la tablet se estaba cargando (supuestamente) y Monstruita no quería escuchar la radio ni ningún CD de los que llevo. Así que recibieron la música con los brazos abiertos. (Nota: por salud mental, en el coche no llevo NUNCA canciones infantiles. Llevo música de muchos géneros diferentes pero que me guste).
Al rato volvieron a estar cansados. Pero ya habíamos entrado en Madrid y quedaba poco. Monstruita siguió imaginando que era un caballo y Monstruito… ¡Sorpresa! Comenzó a fijarse por sí mismo en las ambulancias, los coches de la guardia civil, aviones… Y así llegamos sanos y salvos a casa.

Por qué viajar SIN tablet
Y ahora viene el quid de la cuestión: hemos visto que al viajar sin tablet, los niños…
- Se autogestionan: se aburren y se inventan sus propios juegos, al igual que pasaría si estuvieran fuera del coche.
- Se fijan en su entorno: si mantienen la vista fija en la tablet no ven por dónde pasan. ¿Cómo queremos que tengan interés entonces en conocer nombres de ríos, montañas o tipos de cultivos?
- Interactúan más: esto es evidente. Pero obtuvimos juegos y diálogos, cuando yo esperaba una interacción basada en gritos y llantos en su mayor parte.
- Toleran la frustración: Se hicieron rápidamente a la idea de que no iba a haber tablet. Creedme cuando os digo que a mí me cuesta mucho más cuando me dicen que van a tardar un día más en arreglarme el móvil.
- Estrechan vínculos y crean recuerdos comunes: quizá ahora mis hijos sean muy pequeños para recordar. Pero según vayan creciendo, seguramente les guste recordar estos ratos en familia.
Conclusiones
Puede que me haya emocionado porque todo ha salido bien. Quizá el próximo viaje sin tablet no sea tan fácil. No obstante repetiré, claro que sí. Los niños tienen una capacidad de adaptación mayor de la que nos pensamos. Lo que pasa es que no siempre les damos la oportunidad de demostrarlo.
Sin duda somos los adultos los que nos hemos hecho dependientes de un montón de artilugios desde que son bebés. Cuando nuestros hijos crecen a veces no nos damos cuenta de las nuevas capacidades que adquieren.
Y tú, ¿eres de las de viajar con tablet o sin tablet?
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