Nanas en el embarazo

nanas
Ready to Rock, de Corey Christensen


Que Monstruita aumente la fuerza de sus patadas a los siete meses, es normal. Que además coincidan bastante cuando voy a intentar dormir, también. Esa «normalidad» no quita para que la nena me toque las narices y consiga que me devane los sesos intentando averiguar cómo tranquilizarla. Después de quemar unas cuantas neuronas he encontrado dos métodos: la de aguantarme y la de las nanas.

-> Método 1: Madre paciente y sufridora.
Visto que las patadas de su inminente retoña no la van a dejar conciliar el sueño, la madre paciente y sufridora decide levantarse y caminar un poco por la casa, a ver si con el movimiento la nena se calma.
Esto implica dejar atrás la cama calentita, desvelarse de tanto paseo y además aburrirse porque la casa no da mucho de sí.
Por si fuera poco cuando nota que deja de moverse y se vuelve a acostar, pueden ocurrir dos cosas: que se haya desvelado de tanto movimiento… o bien que Monstruita, ante el cese del mismo, vuelva al movimiento. Con lo cual, todo este esfuerzo no ha servido para nada.
-> Método 2: Madre vaga y artista.
La cama está caliente. Es de noche. La madre lleva todo el día deseando acostarse. No se va a levantar ahora porque Monstruita tenga ganas de marcha, faltaría más. Así que a ver en qué lenguaje puede transmitirle su necesidad de que esté tranquilita.
Mira por dónde, aparece flotando entre varias ideas absurdas (como, por ejemplo, decirle a través de un Whats App que se calme) las nanas.  Las nanas son un recurso universal que cuenta con un rancio abolengo que pensamos aprovechar. Así que ni corta ni perezosa, pruebo la primera noche a ver qué tal.
Vaya por delante que mi repertorio de nanas brilla por su ausencia, así que tarareo Greensleeves:
Pero no parece funcionar, quizá es demasiado movida. Así que cambio a la River Lullaby de El Príncipe de Egipto, que siempre me gustó.

Y parece que, al fin, hemos dado con la solución: Monstruita se da por aludida, se calma, se queda quietecita y (supongo) roque.

Las dos siguientes noches, se repite el milagro de manera exclusiva con River Lullaby, con un extra añadido: ¡yo también me quedo frita ipso facto! Desde luego, supongo que a lo largo de la noche, Monstruita se movió de vez en cuando. Pero, oye, que yo cuando duermo, duermo, así que ya puede hacer el pino puente o bailarse una sardana en mi útero, que no me entero. El problema estaba en el momento de conciliar el sueño.
En fin, parece que esto se está convirtiendo en una costumbre. Cuando nazca, me veo entonando el Do-Re-Mi de la River Lullaby todas las noches. Buenas noches.

Acerca de Monstruua

Madre de dos, esposa de uno. Bloguera, asesora de lactancia y aprendiz de la vida.
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2 comentarios

  1. Es preciosa, sí, muchas gracias 🙂

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